Falsa Devocion V

domingo, 3 de mayo de 2015

Y vuelvo a escribir sobre Kayla.
Tarde mas tiempo del que creia, pero finalmente lo publico ;) Una vez mas, termino de la forma mas abierta posible, pero eso es parte de la gracia.
Pueden ver todos los capitulos de esta historia aqui.
Espero que les guste...


Desde el principio de los tiempos, los días de luna llena han sido días de celebración. Días de coronaciones, de bodas, de banquetes, abundancia y generosidad; y esa luna no era una excepción.
Ese mes, al igual que el anterior, la reina había abierto las puertas de su castillo para que todos, sin importar su posición económica o social, pudieran entrar y disfrutar de un cuantioso banquete seguido de baile y las correspondientes ceremonias, auspiciadas por un selecto grupo de sacerdotisas que habían bajado de su templo en la montaña exclusivamente para el evento.
Por supuesto, no todos cabían en el castillo real, por lo que la fiesta se extendía por las calles, llenándolas de gente y dejando el resto de la ciudad desierta. Esa también era la noche preferida de los ladrones; y Kayla era especialmente consciente de ello mientras cerraba su puerta y su ventana y bloqueaba esta última con un pesado librero.
Esas precauciones siempre le habían parecido innecesarias, pero eran las reglas de Elisha, y ella no era quien para desobedecerlas; después de todo: era su casa.
Una vez estuvo todo listo, salió de la casa y se dirigió hacia el castillo de la reina. Sola.
Su padre y Elisha habían salido hacia horas, aparentemente, ella tenía cosas que discutir con su tía, la reina, pero como ella estaba algo delicada de salud, su padre había tenido que acompañarla.
Para ser luna llena, se trataba de una noche oscura. Donde las estrellas brillaban por su ausencia y el cielo nublado no auguraba nada bueno.
Kayla caminó lentamente, refugiada en su grueso abrigo negro. No quería llegar. Estaba considerando seriamente la idea de regresar por donde había venido, o de quedarse en la fiesta de los pobres para no tener que encontrarse con su padre.
Desde que aquella extraña chica sacerdotisa de ojos dispares le había insinuado que el podría estar envenenando a su madrastra, su relación se había vuelto incluso más tensa que antes.
Kayla había estado atenta a todos sus movimientos, hasta llegar al límite de la paranoia. Cada vez que él le alcanzaba algo en la mesa, la tocaba o se quedaba solo con ella, sospechaba que en realidad podría estar envenenándola; con polvo de luna o cualquier otra cosa.
No había encontrado ninguna prueba hasta el momento, pero Elisha volvía a estar enferma y, una vez más, nadie conocía la causa.
Estaba muy cerca de llegar; podría escuchar el ruido, la música, ver las flores encantadas que iluminaban esa parte de la ciudad, incluso ver a algunas personas más apartadas, conversando en pequeños grupos al final de la calle… pero no consiguió llegar.
Un par de manos fuertes la tomaron por los hombros sin ninguna delicadeza y la empujaron hacia una callejuela desierta.
Una voz áspera y extraña comenzó a decir palabras en un idioma desconocido; Kayla, sin tener idea de lo que estaba sucediendo, intento defenderse de su atacante; pero en cuanto hizo un amago de pegarle, este la empujo de vuelta contra la pared y siguió con su retalía de palabras extrañas.
Comprendiendo que tal vez no se tratara de un ladrón cualquiera, al que podría derribar con un par de movimientos, intento escapar… pero tampoco funciono.
Más rápida que el rayo, la persona que la había atacado percibió su movimiento y la detuvo, tirándola al suelo con fuerza.
—¡Quédate quieta! —Entendió de pronto Kayla; hablaba el idioma del reino vecino, pero su voz sonaba a vidrios rompiéndose, y hablaba tan rápido que era difícil entender nada— Solo… necesito… ayuda… muerte… —fueron las únicas palabras que alcanzo a comprender del largo y desesperado discurso.
—Atacar a alguien no es un buen modo de conseguir que te ayuden —replico Kayla lentamente. Hacía mucho que no practicaba el idioma, asique le costó unos segundos encontrar las palabras.
De pronto, su atacante se detuvo, se agacho frente a ella y Kayla pudo ver su rostro por primera vez.
Era una chica, a pesar de su altura y su fuerza, era unos dos o tres años menor que ella, estaba sucia, tenía arañazos en el rostro y sus ropas no eran más que harapos, apilados unos sobre otros. Tenía una expresión en el rostro que Kayla solo podía clasificar como locura.
Ambas se quedaron calladas por unos segundos, evaluándose.
—¡Cállate! —grito. Con una fuerza y una ira que la tiraron hacia atrás— ¿No ves que es urgente? Necesito ayuda. Ayuda. Necesito…
La chica continúo con su torrente de incomprensibles palabras, quitándole a Kayla cualquier duda que pudiera tener sobre su estado mental. Estaba completamente loca.
Sin decir nada, intento levantarse y moverse lentamente hacia atrás, salir por el otro lado de la calle, la chica parecía completamente ajena a ella, sumida en su propio mundo de rabia, tristeza y palabras incomprensibles.
Estaba a punto de llegar hasta el otro extremo de la calle y salir corriendo; cuando un bulto en el suelo la hizo trastabillar y caer.
—¡NO! —la chica grito con suficiente fuerza para ser oída en el castillo real, por un momento creyó que el grito iba dirigido hacia ella, por intentar escapar, pero la chica ni siquiera le hizo caso. La empujo sin ninguna delicadeza hacia un lado, haciéndola aterrizar sobre su brazo que crujió en protesta.
—No… Ciara… Ciara… Ciara… Ciara… —Solo entonces Kayla vio que el bulto con el que había tropezado era, en realidad, una persona. Una chica. De piel pálida y cabello oscuro. Una mancha roja adornaba su pecho y su rostro estaba congelado en una expresión de puro sufrimiento.
La chica loca continuo sacudiendo a la muerta y murmurando su nombre hasta que, para sorpresa de Kayla, esta abrió levemente los ojos y murmuro en un susurro apenas perceptible:
—Sol…Déjame…
Un segundo después, volvió a cerrar los ojos y la loca suspiro, aparentemente aliviada.
Kayla pensó en intentar escapar nuevamente, pero la loca levanto la cabeza inmediatamente.
—Ni lo interés —advirtió, sonando mucho más cuerda que unos segundos atrás— necesito tu ayuda.
—¿Para qué? —pregunto Kayla con precaución mientras ideaba un plan de escape. Había sido testigo de lo rápida y fuerte que era esa chica, pero tal vez si conseguía llegar a la fiesta…
—Hay sacerdotisas aquí ¿verdad? Están aquí por la luna. —Kayla asintió, tal vez ni siquiera necesitara escapar. La chica estaba tan loca, que era probable que pudiera simplemente seguirle el juego—. No podía llevarla por la montaña, el viaje es difícil, y tenía hambre, asique pensé… Ellas curan ¿verdad?
Asique de eso se trataba todo ¿de curar a su amiga?
—Hay un templo de la Luna muy cerca de aquí… —intento explicarle Kayla. Todas las sacerdotisas eran educadas en la magia, y, hasta donde sabia Kayla, las del reino de la chica también. Asique realmente no entendía porque tendría que subir la montaña para encontrar una curandera.
—¡No sirven! —exclamo. Termino que estuviera perdiendo la cordura de nuevo, pero consiguió calmarse sola— Dicen que no hay nada que hacer… pero es mentira. Siempre hay algo que hacer, siempre…
Y comenzó a llorar.

2 comentarios :

  1. Siempre me dejas con ganas de más. Y sobre todo con esta historia. La cultura que has creado me interesa, y un poco también conocer más a Kayla. Espero que la chica loca y su amiga estén bien. Y bueno, que su madrastra no muera, que no es una mala persona.
    Me quedo impaciente por conocer más.
    ¡Un besín!

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    1. Siempre comentando primera mis historias y yo ya hace un tiempo que no paso por tu blog... me siento culpable xd
      Curiosamente, Kayla es el personaje que menos claro tengo, la voy desarrollando mientras llega, aunque hasta ahora es la que mas a aparecido O:
      Y... bueno, no puedo prometer nada acerca del bienestar de esas dos. Como mucho podria decir que una, probablemente, termine bien ~~
      :*

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Gracias por leer!
ahora, me encantaria saber tu opinion, anda, solo te toma un segundo, y me haces increiblemente feliz ;)