Ishky cap.4: Resultados

domingo, 1 de febrero de 2015



Abro los ojos sin saber qué es lo que me ha despertado.
Estoy cansada, asique solo me doy una vuelta y vuelvo a disponerme a dormir; pero alguien abre las cortinas provocando que un rayo deslumbrante y frio aterrice en mi cara.
Mi madre esta parada junto a mi cama, con los brazos cruzados y una expresión estudiadamente neutral.
―¿Qué? ―pregunto de mala gana― ¿ahora hacemos desayunos familiares?
―Es casi mediodía ―replica ella― Creí que te interesaría ver tus resultados.
No había pensado en eso.
Aunque anoche no podía quitármelo de la cabeza, estaba tan ansiosa que me costó horas conciliar el sueño.
―¿Cómo me fue? ―pregunto, intentando no traslucir demasiada ansiedad. El rostro de mamá, como siempre, no revela ninguna pista.
―Míralo tú misma.
Tomo la hoja que me entrega y la desdoblo.
Por un momento, intento mantener una expresión neutral, pero luego no puedo evitar que una sonrisa se extienda por toda mi cara. Lo logre. No tengo idea de cómo, pero lo logre. Puntajes excelentes, lo bastante buenos para entrar a la Academia.
―Felicidades ―dice mamá. Suena sincera.
―Gracias ―contesto, no puedo dejar de mirar el papel. Como si los números fueran a cambiar en cualquier momento. ―¿entonces me dejaras ir?
Ella asiente, parece que está pensando en otra cosa.
―papá no estará de acuerdo ―recuerdo.
―Deja que yo me encargue de tu padre ―dice ella― E intenta bajar a desayunar antes de que oscurezca. ―bromea.
―¿mamá? ―la llamo antes de que pueda salir. Ella se da vuelta y me mira interrogante― ¿qué te hizo cambiar de opinión?
―Los resultados ―ella sonríe― creía que esto era solo otro de tus caprichos, pero si te esforzaste tanto como indican los números, está claro que es algo más. ―Se va de la habitación y cierra la puerta suavemente.
Me quedo por unos minutos en mi cama pensando en el tono con el que dijo esta última frase. Era un tono que no estoy muy acostumbrada a escuchar, no de ella, sonaba a... orgullo.
Me levanto, aun con la sonrisa estampada en la cara, y me preparo para comenzar mi día.


Puedo escuchar el momento exacto en que mamá le dice a papá sobre mis resultados y mis intenciones de usarlos para entrar a la Academia. Estoy en la sala de estar, despatarrada sobre un sillón y jugando con una pequeña bola de energía que va cambiando de color a la vez que se mueve entre mis dedos. Hace unos meses crearla y controlarla me costaba bastante, pero a estas alturas se ha convertido en una agradable actividad ociosa.
Justo después de recibir la noticia, papá eleva la voz a un tono completamente absurdo, lo bastante como para ser escuchado desde la casa de los vecinos. Pocos segundos después se escucha el sonido de una puerta al golpearse y en cosa de instantes está en la sala, sosteniendo la hoja de resultados y mirándome de forma acusadora.
―¿Qué es esto?
―Mis resultados ―contesto con voz plana― lo dice en la parte de arriba.
―Ish, no quiero desestimar tus habilidades, pero nunca has sido buena para la lógica ni las matemáticas... no hablemos ya de la magia. Si esto es alguna clase de broma... ―supongo que tendría que doler que tu padre desconfié de esa forma de ti, pero la verdad es que no lo hace.
―Que todos mis profesores de básica hayan sido unos idiotas no quiere decir que sea tonta ―contesto, aun jugando con mi bolita de energía― además, puedes comprobarlo si quieres, están en la computadora.
―No puedes ir a la Academia.
―Claro que puedo ―lo contradigo, principalmente por el placer de discutir.
―Lo que enseñan ahí es una afrenta a todas nuestras creencias ―comienza― No se supone que los humanos manipulemos la naturaleza de esa forma, ni que gastemos la energía en cosas superfluas y vanidosas. ¿O es que conoces alguna utilidad práctica de la magia racional?
―Podría pasarme el día nombrándolas...
―No me refiero a comodidades, si no a cosas realmente necesarias.
―Bueno, si quieres ponerte estricto, también tendríamos que deshacernos de esta mansión, de la calefacción, la comida congelada y los autos, para volver a cazar por los bosques y acampar muertos de frio.
―Eso es diferente... ―comienza el, mamá llega justo a tiempo para salvarlo de tener que terminar la frase.
―Cariño, no puedes impedir que vaya. Si eso es lo que quiere... ―intenta hacerlo razonar ella, con su tono más dulce y manipulador.
―No pienso pagarlo ―dice, testarudo.
―Es gratis ―me adelanto a contestar― te ahorraras lo que vale una universidad privada de aquí.
―Aun así necesitaras dinero; para comida, transporte, diversión... ¿ves porque no puedes ir? no sabes nada de la vida ―aja. Asique ahora pasamos de "motivos religiosos" a "eres muy pequeña e inocente para sobrevivir sola"
―¿Cuantas veces he pasado meses sola en casa? ―lo cuestiono.
―Eso es diferente.
―Nos estamos desviando del tema ―interrumpe mi madre― claro que Ish puede sobrevivir sola en la Academia, y yo misma puedo pagar el resto de los gastos si ese es el problema.
―No voy a dejar que mi propia hija vaya a ese lugar, a aprender una cosa así... los sureños no están hechos para ese tipo de magia.
―comprobémoslo ―propone mi madre― Si reprueba el primer año, no tendrá otra oportunidad, pero si demuestra ser capaz...
―Una materia. ―interrumpe el― cuándo repruebe una materia vuelve a casa, y no hay más discusión.
Él se va de la habitación luciendo muy altivo y seguro.
Yo y mamá no podemos evitar reírnos un poco. Puede que papá sepa que fertilizantes es mejor usar con que plantas, y que conozca técnicas de marketing de las que nunca oiré hablar, pero sin duda no es muy bueno con las discusiones. O el regateo.

Las vacaciones resultan ser una completa tortura. Una vez que mando mi solicitud para entrar a la Academia, ya no tengo nada que hacer.
Paso los días con Miky o con otros amigos, simplemente perdiendo el tiempo, entre cenas familiares, citas que no llegaran a ningún lado y eternas horas de ocio. Lo único realmente interesante que tengo para hacer es aprender nuevos trucos de magia, para no estar tan atrasada cuando entre a la Academia; pero tampoco puedo pasarme todo el día haciendo eso.
Nunca creí que estaría tan ansiosa por comenzar las clases. 
Finalmente, llega el día de la partida.
Estoy tan ansiosa que no puedo conmigo misma, me paso la noche dando vueltas en la cama y recorriendo mi casa de un lado a otro como un gato enjaulado. Creo que es la primera vez en toda mi vida que paso una mañana entera despierta y sin ir a clases. Odio las mañanas.
Las horas se hacen increíblemente lentas, hago mi maleta con deliberada lentitud y aun así parece que faltan siglos para que salga el tren que me llevara a la Academia. Lo único que me queda es dejarme caer en mi cama y esperar.
―¿Ish? ―mamá entra después de diez aburridos minutos de contemplar la pared. Lleva una bolsa en la mano― ¿preparaste tus cosas?
Yo asiento.
―Aunque no tengo mucha ropa de verano.
Ella abre mi maleta y comienza a ver todo lo que hay dentro, después de un rato suspira.
―Nada de esto te servirá ―dice, sacando un enorme montón de ropa y dejando mi maleta prácticamente vacía― supongo que tendrás que comprar ropa nueva en Edreaa, por ahora tendrás que arreglártelas con esto.
Me pasa una bolsa y yo la abro con desconfianza. Y mi suspicacia no hace más que aumentar cuando veo el contenido.
―¿Que se supone que esto? ―saco una tira de tela color negro, no es muy ancha y tiene un borde azul brillante.
Ella la toma de mis manos y la extiende sobre su pecho, luego se la amarra tras la espalda.
―¿Un sostén? ―pruebo. Ella se ríe.
―Llamémoslo una polera muy corta. ―levanto las cejas, aun mas escéptica que antes.
―Ósea la gente en Edreaa va por ahí medio desnuda ―niega con la cabeza.
―En realidad, este es de Xai. Pero el clima más caluroso que conoces es el de Nivas, Ish, cuando llegues a la Academia querrás ir por ahí medio desnuda. ―voy a decir algo, pero ella me toma de un brazo para obligarme a levantarme― vamos.
Me lleva hasta el baño de su habitación, enciende la calefacción al máximo y toma la máquina de afeitar de papá.
―Desvístete ―ordena.
Esto comienza a ponerse realmente extraño.
―El pelo es una auténtica molestia en Edreaa ―explica― los sureños hemos evolucionado casi sin mezclarnos con el resto del mundo por cientos de años, y el pelo grueso y largo funciona bien aquí, pero en Edreaa solo conseguirá que el sudor quede atascado.
Mamá usa la máquina para quitar todo mi vello corporal, desde las gruesas capas de pelo blanco de mis piernas y brazos hasta el cabello más fino y oscuro de mi torso. Se siente extraño. Todos en Evasel tenemos una gruesa capa de pelo, bastante parecido al de los lobos, por la mayor parte de nuestros cuerpos. No es que sea un abrigo por sí solo, pero sique resulta útil en los días más fríos; además, sin él me siento... desnuda.
―¿Quieres que te corte el pelo también? ―Tomo un mechón de mi cabello y lo miro. Esta hecho un lio y necesita que le pase un cepillo urgentemente
―¿Es muy necesario? ―pregunto, estoy acostumbrada a tenerlo largo― puedo amarrarlo ―propongo.
―Supongo que ya te lo cortaras allá ―sonríe ella. Parece bastante convencida.― Ahora necesitamos hablar. Vístete y te acompaño a la estación.
Me visto por capas: primero algunas de las prendas que mamá trajo para mí en la bosa, luego mi ropa de siempre, un chaleco delgado y por ultimo un abrigo largo.
Mamá y yo vamos caminando hasta la estación, tomándonos nuestro tiempo. Supongo que también es una excusa para hablar y decirme lo que sea que ha estado tan ansiosa por decir todas las vacaciones.
―La Academia puede ser un sitio... extraño. ―comienza finalmente― Las culturas de Edreaa, Zilla, Sadil e incluso Nivas están mescladas ahí, al igual que sus colores. Lo que hace que los de Evasel (y los de Xai) seamos considerados unos extraños. Además, es un lugar muy elitista. Los apellidos valen mucho, y muchas veces pueden comprar ventajas. Has vivido toda tu vida en un ambiente protegido, Ish, en una ciudad donde todos saben quién eres y donde nadie se atrevería a meterse contigo. Quiero que entiendas que en la Academia no va a ser así. Serás una alumna promedio, no podrás contestar como quieras o simplemente no asistir a clases...
―En resumen ―interrumpo― me estas pidiendo que deje de ser una niña mimada. Me las arreglare.
―Lo estás haciendo ahora mismo ―sonríe ella.
Llegamos a la estación de tren justo a tiempo. Me despido de mamá y arrastro mi maleta hasta la puerta más cercana.

2 comentarios :

  1. Me ha gustado mucho este capítulo, la verdad. Desde principio a fin estoy viendo que llegamos al punto que conozco (yay!) y eso es guay. Espero pacientemente un nuevo capítulo :)
    Por cierto, pensé que Ish tendría faltas de energía y todo eso, no que se pondría a jugar con una bola porque sí.
    ¡Un besín!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, ya vamos llegando *-* aunque ahora sera un poco diferente...
      Bueno, Ish tiene poca energia, pero la bola es un hechizo muy sencillo y ademas puede hacerse con energia sacada de otro lado (digase la estufa) las faltas de energia vendran cuando comienzen las clases ;)
      besos!

      Eliminar

Gracias por leer!
ahora, me encantaria saber tu opinion, anda, solo te toma un segundo, y me haces increiblemente feliz ;)