Electra Heart {Parte 2}

viernes, 27 de febrero de 2015

Nunca pense que esto se alargaria tanto, pero me puse a escribir y salieron seis paginas :O espero que no les de mucha flojera leerlas... Y lo peor es que ni siquiera esta terminado, aun falta lo que paso entre esta parte y la anterior.

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Corría colina abajo por el camino de piedra, con los ojos cerrados y los sentidos expandidos al máximo. Aun no era lo bastante buena para percibir todo lo que pasaba a su al rededor, por lo que más de una vez estuvo a punto de chocar con los aldeanos que comenzaban la subida a esas horas de la mañana, para llegar a almorzar al templo.
Escucho ruidos de caballos al galope y apenas si tuvo tiempo de tirarse a un lado antes de que le pasaran por encima.
El conductor le lanzo un improperio, pero ni siquiera se molestó en disminuir la velocidad. La chica se quedó arrodillada a un lado del camino y probó a abrir los ojos una vez más. Si miraba a la tierra en vez del camino era capaz de soportar la luz, pero el camino era la forma más rápida de salir de ese lugar, el único que iba entre las montañas en vez de alrededor de ellas, y no podía perder el tiempo buscando rutas alternativas.

—¿Estas bien? —pregunto una amable voz femenina a su lado.
La chica levanto la cabeza en un movimiento brusco propio de un animal acorralado. Por un momento, la brillante luz del sol le jugó una mala pasada y le hizo pensar que la mujer era una sacerdotisa. Se quedó completamente paralizada.
—¿Necesitas ayuda? —insistió la mujer.
Estas palabras la hicieron volver a la realidad.
Sin perder el tiempo, se puso en pie de un salto y salió corriendo, dejando a la mujer completamente desconcertada detrás de ella.
Intento mantener los ojos abiertos, pero le resultaba imposible, el camino de piedra blanca reflejaba la luz del sol de una forma demasiado perfecta, demasiado intensa; y se vio obligada a volver a cerrarlos. Se preguntaba si alguna vez sería capaz de ver de día otra vez.
Comenzó a correr más rápido.
No llevaba ni la mitad del camino, pero ya estaba completamente exhausta. Hacia demasiado tiempo que no hacia ningún ejercicio físico, pero obligo a su cuerpo a mantener el ritmo, incluso aunque las piernas le ardían y amenazaban con ceder y mandarla rodando camino abajo en cualquier momento.
Otro carruaje tirado por caballos se dejó oír, esta vez tuvo tiempo de correrse a un lado y volver al camino sin siquiera detenerse.
Dos carruajes en un día.
Por lo general, el templo solo era visitado por la gente del pueblo, buscaban un lugar de paz para despejar la mente, rezarle a la diosa o bendiciones y pociones curativas de las sacerdotisas. Luna sabía que tiempo atrás el templo había sido frecuentado por reyes y nobles, por eso se había construido el camino de piedra que llevaba desde la capital hasta el templo en lo más alto de las montañas.
Pero esos tiempos ya habían quedado atrás, ahora la mayoría de los nobles ni siquiera pensaban en rendirle cuentas a la diosa, y los que lo hacían tenían un montón de templos en la ciudad a los que asistir.
Dos carruajes en un día era algo completamente inusual.
Debía de haberse corrido la voz.
A pesar de que sus piernas estaban adoloridas, este pensamiento le dio energías para correr más rápido.
Las sensaciones volvieron para atormentarla una vez más.
Violetas en flor y un amor color amarillo transformándose en rosas marchitas y una avaricia gris oscuro.
Obligo a sus piernas a correr más rápido. No quería pensar en eso. No quería pensar en lo que había hecho.
Es cierto que había sido obligada, por Plata y las otras sacerdotisas, pero no era una excusa lo bastante buena. Había hecho un intercambio injusto, no había excusa para eso.
Estuvo a punto de tropezar y las lágrimas comenzaron a correr por su rostro una vez más, pero no se detuvo, no podía detenerse, la capital estaba a unas veinte horas a pie, pero si no llegaba antes del anochecer, estaba completamente perdida.
La otra opción era esconderse en el pueblo, pero sabía que eso sería más difícil. Había demasiada gente que la conocía, demasiados aficionados a la magia.
Pero nunca conseguiría llegar a la ciudad a tiempo, simplemente estaba demasiado lejos.
<<Tal vez si consigo un caballo…>> pensó. Tener un caballo lo haría todo más fácil. Hacía años que no montaba, pero estaba segura de que podría arreglárselas para, al menos, no caerse. Además, los caballos estaban acostumbrados a seguir el camino blanco, asique no sería difícil guiarlo.
El principal problema sería encontrar a alguien dispuesto a vender un caballo en un pueblo tan pequeño como el que se encontraba al pie de las montañas.
Cuando la bajada fue haciéndose menos empinada, se vio obligada a bajar la velocidad un poco, quería detenerse a descansar y comer un poco, pero sabía que si lo hacía no volvería a levantarse lo bastante pronto.
<<En el pueblo>> se prometió <<entonces encontrare a esa vieja tan simpática y le comprare comida>>
La idea la animo bastante.
La vieja en cuestión, llamada Amelia y de unos sesenta años de edad, tenía el cabello completamente largo y lo llevaba largo, hasta la mitad de la espalda. Tenía unos dulces ojos grises y subía al templo por su propio pie al menos una vez al mes, para que Luna le predijera el futuro… y también para hablar. De todas las personas que iban a visitarla diariamente, Amelia era la única que hablaba con ella de temas intrascendentes; gracias a ella, Luna conocía unas cuantas cosas de todos los habitantes del pueblo.
Seguro que ella la recibiría bien.
Una hora después, estaba hambrienta, sudorosa y exhausta… pero había llegado. Se encamino hacia el mercado. Sus ojos ya habían comenzado a acostumbrarse a la luz del día, pero aún le resultaba extraño, y se veía obligada a pestañar cada vez que veía algo más brillante de lo normal.
Bajaba al pueblo bastante seguido, asique lo conocía bastante bien, pero de día era completamente diferente. Las casas que un momento le habían parecido tan exóticas y mágicas bajo la luz de la luna se veían raras y sucias bajo el sol, los caminos que estaba acostumbrados a ver vacíos estaban atestados de gente.
Preocupada porque alguien pudiera reconocerla, creo un sencillo hechizo de confusión, el mismo que hacia cuando era niña, que lo único que hacía era hacerla parecer insignificante a los ojos de la gente. Una chica cualquiera a la que no valía la pena mirar dos veces. No practicaba ese hechizo desde hacía años, de manera que se alegró cuando un hombre, un visitante regular del tiempo, choco con ella, se disculpó, y no dio ninguna muestra de sorpresa o desconcierto.
Encontrar a Amelia le llevo más tiempo del que esperaba.
Sabía que tenía un puesto en el mercado donde vendía las frutas que ella misma cosechaba, pero no tenía idea de cómo era el mercado cuando estaba funcionando, por lo que tuvo que recorrerlo entero para encontrarla.
—Hola —la saludo alegremente, a la vez que sonreía de oreja a oreja.
La mujer la recorrió de arriba a abajo con la mirada, luciendo entre sorprendida y disgustada.
Al percibir su desconcierto, Luna se bajó la capucha y dejo caer el hechizo, para que la viera tal como era.
—¿Puedo quedarme en su casa, por favor?
Amelia abrió mucho los ojos, y se quedó paralizada por tanto rato que Luna tuvo miedo de que le hubiera pasado algo. No necesitaba añadir asesinar a una vieja del susto a su lista de acciones reprochables.
Finalmente, Amelia cerró los ojos, se retorció los dedos de las manos en el delantal y hablo.
—Pero… Santa… ¿que está haciendo aquí? —pregunto, claramente aún no se había recuperado de la sorpresa
—Por favor, llámeme Luna —sonrió la chica— Voy de camino a la ciudad, ¿podría quedarme en su casa por un día, por favor? Puedo pagarle.
—¿Por qué no se queda en la posada? —pregunto Amelia, aun desconcertada.
Luna se removió incomoda. La verdad era que ni siquiera había considerado la posibilidad, siempre había escuchado toda clase de rumores desagradables acerca de la posada. Y ni siquiera sabía dónde quedaba.
Al ver la incomodidad de la chica, Amelia se apresuró a aclarar.
—¡Pero claro que puede quedarse en mi casa! Solo me sorprendió verla aquí abajo a estas horas, ¿no debería estar durmiendo?
Luna no pudo evitar reír ante la extraña preocupación de la vieja.
—Debería. Pero se me hizo tarde ayer y tengo que llegar a la ciudad para mañana, asique pensé que tal vez podría pasar el día aquí.
—Por supuesto, por supuesto, déjeme llevarla hasta mi casa.
Una vez superada su sorpresa inicial, Amelia fue toda amabilidad y adoración. Ni siquiera le pregunto a Luna cual era la razón de que tuviera que viajar tan urgentemente a la ciudad, algo un tanto extraño teniendo en cuenta su carácter curioso, pero la chica supuso que lo hacía por respeto. Después de todo, las personas del pueblo la consideraban la reencarnación de la primogénita de la Diosa.
Se despertó sobresaltada de un sueño intranquilo. Todavía llevaba la ropa del día anterior, su mejor vestido plateado, el que usaba para los rituales más importantes como los de matrimonio y funerales, estaba arrugado y tenía un par de hilos sueltos, probablemente a causa de la desenfrenada carrera del día anterior.
Por suerte, aun llevaba su ropa de diario debajo, que estaba algo vieja pero resultaba perfecta para viajar.
Se quitó el elegante vestido y se puso en su lugar la capa que alguien, probablemente Amelia, le había quitado y dejado cuidadosamente doblada sobre una silla.
Se asomó por la ventana, la luna brillaba llena y estaba a punto de alcanzar la cúspide del cielo. Debería ir saliendo. Viajar de noche le resultaría mucho más fácil.
Doblo su hermoso vestido con mucho cuidado y lo dejo sobre la silla, en el lugar que había ocupado su capa, Amelia se había negado en redondo a recibir un pago por alojarla, pero Luna no necesitaba el vestido, y seguro que Amelia podría encontrarle un mejor uso.
Sonrió ante la imagen de la vieja mujer en su vestido.
Estaba a punto de salir de la habitación cuando escucho una voz conocida que le helo la sangre de las venas.
—…ha hecho bien en avisarme. Lléveme con ella. —la sacerdotisa mayor sonaba tan autoritaria como siempre, pero a la vez se escuchaba algo… tensa.
—Enseguida, enseguida. —respondió inmediatamente la voz de Amelia.
Por un momento, Luna se quedó completamente paralizada, luego corrió hacia la ventana. Estaba cerrada. Forcejeo con la cerradura para abrirla, pero esta se resistía y los pasos de las dos mujeres se acercaban cada más a ella.
La puerta se abrió con un quejido.
Desesperada, Luna lanzo sobre sí misma un rápido hechizo de invisibilidad y contuvo el aliento. Plata entro a la habitación y la escaneo lentamente, con sus inquisidores ojos gris brillante.
—Sé que estas ahí, querida, por favor sal. —Luna no pudo evitar sentir una punzada de orgullo al darse cuenta de que era capaz de engañar a su maestra. Debía ser la luna llena dándole fuerza.
Plata recorrió la habitación lentamente, mirando en cada rincón, buscando una sombra, una colcha hundida, cualquier error en su hechizo que pudiera delatarla. Se quedó un momento parada frente a la silla, mirando el vestido plateado y una sonrisa se extendió por sus labios.
—¿no estarás desnuda, verdad? —Negó con la cabeza— supongo que te habrás puesto los pantalones debajo, es una costumbre muy fea, Luna.
Luna contuvo el aliento. Sabía que tenía que hacer algo, escapar, pero estaba completamente paralizada y su mente no funcionaba como era debido. Amelia la había delatado. Seguramente había ido a buscar a Plata después de dejarla durmiendo en su casa. Era evidente que no había creído su historia.
Sabiendo que era una acción desesperada y algo estúpida, probó una vez más a abrir la ventana. El ruido hizo que Plata se volteara inmediatamente para mirarla.
—Luna, ¿estas intentando escapar?
Luna sintió como Plata intentaba descartar su hechizo, lucho, pero fue inútil, el hechizo callo. Le dio un último tirón desesperado al cerrojo, pero seguía trabado.
Se volvió hacia Plata con una mirada de auténtico terror en el rostro. Sin pararse a pensar en lo que estaba haciendo, se subió a la cama de un salto y corrió hacia la puerta… solo para quedar para enfrente de Amelia.
—Por favor —rogo— quieren que haga algo terrible.
La vieja la miro con algo parecido a la compasión, pero se quedó parada en su lugar.
—Su lugar está arriba en la montaña —respondió.
—¡Quieren que mate a inocentes!
Amelia negó con la cabeza.
—Ellas saben lo que te conviene.
Nunca se había sentido tan traicionada como en ese momento. ¿Cómo era posible que nadie lo entendiera? Los prisioneros de guerra no valían menos que los propios guerreros, no podía intercambiar sus vidas libremente, si la Diosa le había dado ese poder había sido para que lo usara correctamente, para que sanara heridas y salvara a aquellos que no merecían morir, no para fomentar una guerra sin sentido…
—Vamos Luna —dijo Plata, con su característica voz melosa— es hora de volver al templo. Sabes que no te obligaremos a hacer nada que no quieras. —esa fue la frase que colmó el vaso.
¿Que no la obligarían? Llevan diez años haciéndolo. Diez años enteros inculcándole costumbres y creencias que no eran suyas. Toda una vida de vivir en la noche y ayunar cuando no había luna, toda una vida de aprender a la fuerza a controlar un tipo de magia que no quería poseer.
Bueno, era hora de demostrarles que tan bien había aprendido.
Tomo a Amelia del brazo y solo pensó en hacerle daño, en inmovilizarla y hacerla caer. Se escuchó un chasquido seguido de un grito ahogado y la mujer cayó al suelo, gimiendo de dolor. Nunca había hecho algo así. Pero de alguna forma se sentía incluso más natural que curar. Y en vez de quitarle energía, se las daba.
Dominada por una furia completamente nueva avanzo hacia Plata; quien había dejado caer su habitual mascara de indiferencia y la miraba… con veneración.
—en realidad eres como ella —susurro, completamente maravillada.
Luna no se detuvo a meditar sus palabras. La tomo del brazo y pensó en infringirle dolor, pensó en lo difícil que había sido bajar de la montaña el día anterior sin poder abrir los ojos y le deseo lo mismo. Plata intento oponer resistencia, pero fue inútil. Ella era mucho más hábil, pero Luna era más poderosa. Y estaba más enojada.
Plata cerró los ojos y retrocedió, confundida.
—Sigue persiguiéndome, y también me llevare tu voz. —Por primera vez en mucho tiempo, Plata sintió autentico miedo.
Apenas fue consciente de lo que paso después. Era como si una fuerza desconocida se hubiera apoderado de ella; por primera vez en muchos años se sentía seguro de sí misma y sabia exactamente lo que quería hacer. Se sentía… poderosa.
Caminó hasta la posada y entro por la puerta del establo como si estuviera en su casa. Un mozo estaba cuidando de los caballos, y se quedó mirándola con expresión de sorpresa cuando corrió el cerrojo de una de las puertas.
—¡Oye…! —intento protestar, pero tuvo la mala idea de tocarle el brazo y callo inmediatamente desmallado, dándole a Luna un poquito más de energía.
Arrastro al chico hasta un rincón y lo apoyo contra una de las paredes, para que no despertara demasiado adolorido. Con una habilidad que no recordaba poseer, le puso la montura al caballo, lo guio fuera del establo, se montó de un salto y salió al galope.
Cabalgar resulto ser incluso más agradable de lo que recordaba, su cabello volaba al viento, y su cuerpo se acomodaba a los pasos del caballo de forma completamente natural. Resultaba sencillo y a la vez tranquilizador. Como si pudiera huir de todos sus problemas. Aunque sabía muy bien que no podía. Eventualmente tuvo que bajar la velocidad para que el caballo no se agotara y entonces todo volvió a ella.
La extraña fuerza que la había poseído por todo ese tiempo la abandono dejándola vacía y a merced de sus desagradables recuerdos.

4 comentarios :

  1. Si esto han sido 6 páginas las he devorado como si nada.
    Me ha encantado!! (Lo del hechizo de invisibilidad me suena demasiado) y me dejas con tantas dudas, con tantas ganas de más...
    Ay, es una historia muy interesante de la que espero que vayas mostrándonos más. Sin duda fabulosa.
    ¡Un besín!

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    1. Me alegra que se te haya hecho rapido de leer ;) me da cosa publicar cosas largas en el blog porque se que a muchos (incluyendome) les da flojera leer mas de una o dos paginas... y releyendo esto me doy cuenta de que tiene miles de errores tontos, tengo que revisar mas mis historias xD
      Y el hechizo de invisibilidad es muy util... no es que estubiera pensando en nadie en especial mientras lo escribia... no...

      ¡Besos!

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  2. ¡Hola!

    ¿De verdad son seis páginas? xD Te prometo que no lo parecen, se pasan volando~.

    La verdad es que estoy muy intrigada. ¡Hay tanto por saber! Estaré pendiente. :3 Me he dado una vuelta por el blog y hay un par de historias que me dieron curiosidad y leeré luego.

    :D ¿Eres de/Vives en Chile? Eso es zúper, porque yo igual xD.

    Anyway: somos pareja en Blogs colaboradores (O: quise contactarte por Twitter primero, pero vi que no lo usas mucho) x3. Pretendía hablarte antes, lo siento por eso; tengo muchas ganas de ver qué es lo que escribirás xP.

    :D En fin, nos estamos leyendo~. ¡Te cuidas!

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    1. ¡Hola!

      Pues si, lo son; que bueno que se lean rapido <3

      Sip, soy de Chile tambien; jaja hiciste bien en no buscarme por twitter, el facebook lo uso mas en cualquier caso. No te preocupes, yo ni siquiera habia pasado por tu blog (comienzo de clases y demas...)

      Nos leemos, ¡Besos!

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Gracias por leer!
ahora, me encantaria saber tu opinion, anda, solo te toma un segundo, y me haces increiblemente feliz ;)