Esta es mi vida (parte 2)

lunes, 19 de enero de 2015

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Estoy bastante acostumbrada a los zapatos incomodos y a los vestidos del milenio pasado, por lo general se trata de una molestia que puede compensarse fácilmente con la comida inusualmente buena o con las temperaturas agradables provocadas por la calefacción que a mis padres, por alguna razón, no les gusta usar cuando estamos solos en casa.
El caso es que, con un poco de disposición, la ropa no es un problema. El parloteo de mi tía Dahlia es otra historia.
―...Oh Ish, ¡Pero qué grande que estas! creo que fue hace solo unos días que te acompañe a tu primera clase en la escuela ―en realidad, termine la escuela el año pasado, pero Dahlia ha estado en no sé qué ciudad perdida en la costa sur del país (donde solo hay playas congeladas y pingüinos) y creo que no se ha dado cuenta de que el tiempo también avanza mientras ella no está― ¡Y ahora ya eres toda una mujer adulta! Tu madre me ha dicho que  no quieres entrar a la universidad ¿es eso cierto? ¡Igualita a tu padre! pero bueno, eso también es una opción valida...
En el momento en que la frase "igualita a tu padre" es pronunciada, mi mente se desconecta de mis oídos automáticamente y la tía Dahlia se transforma en una simple mujer vieja que mueve labios y manos sin decir absolutamente nada.
Vuelvo a concentrarme en mi comida.
Es cierto que mi padre y yo nos parecemos mucho físicamente: piel blanca, cabello verde, la misma cara redondeada, la misma altura... lo único que herede de mi madre fueron sus ojos negros (cosa que agradezco, porque con los débiles ojos azules de papa, a estas alturas ya estaría usando lentes igual que él).
Es cierto que mi padre tampoco demostró ser particularmente inteligente durante su educación básica, y que, al igual que yo, se rehusó a entrar a la universidad, pero ahí  terminan las similitudes.
La familia de mi padre es dueña de una importante empresa agrícola y ganadera venida a menos, nadie esperaba que mi padre, el más inútil de la familia, la heredara, pero así fue. Y para la sorpresa de todos, consiguió sacarla adelante con una nueva línea de "vegetales puros". La mayoría de los cultivos de Evasel son cuidados con caros fertilizantes y magia racional, mi padre, que no aprobaba estos métodos, presidio totalmente de cualquier tipo de tecnología o magia que pudiera ayudarle y, en su lugar, contrato a un montón de viejos practicante de magia irracional (de esos que hacen pentagramas en el suelo y dicen un montón de palabras raras que todos sabemos nada tienen que ver con la magia) en mi opinión, los "vegetales puros" saben exactamente igual que los normales, pero como en un comienzo eran más baratos, la gente se acostumbró a comprarlos. Creo que todavía no se enteran de que actualmente son iguales o más caros que los normales.
Yo, por otro lado, preferiría ir al bosque a ser comida de lobos antes que pasarme el resto de mi vida encerrada en mi país natal cuidando plantas.
Pero mi familia aún no se entera.
―Asique Ish, ¿no has pensado en matricularte en Bella Artes? ¿O en música? ―esta vez habla uno de mis tíos, que tuvo que meterse a economía porque sus padres querían que ganara dinero y ahora intenta proyectar sus inquietudes artísticas en los demás―  son carreras muy interesantes, y si te esfuerzas lo suficiente, también se puede ganar dinero ―si, a mí me importa mucho. Si quisiera dinero me robaría la tarjeta de mi madre, seguro que ella ni se daría cuenta.
Mi madre, sentada en la cabecera como siempre, me lanza una mirada de advertencia «contesta como la niña bien educada que eres o puedes ir olvidándote de nuestras vacaciones en Nivas» parece decir. Suelto un suspiro para nada discreto, y digo prudentemente:
―La verdad no estoy muy interesada en las artes, tío.
Mamá me sonríe discretamente y vuelve a su conversación.
―¿No? Cuando eras pequeña hacías esos dibujos tan bonitos...
Tengo que morderme el labio para no reír.
Hace unos años, un chico algo mayor estaba encaprichado conmigo, era un excelente artista y siempre  me regalaba dibujos que yo terminaba entregando para la clase de arte.
―Supongo que fue una fase ―me encojo de hombros, intentando dar por terminada la conversación.
―Ah... Bueno, ¿y qué me dices de Historia? ― Y vuelta a empezar.
Él, y otros parientes, siguen listando carreras que creen me podrían gustar y yo continuo contestando con palabras cortas y sonrisas falsas.

Finalmente la cena termina y algunos invitados se van mientras que los otros se trasladan a la sala de estar, aprovecho el momento para escabullirme al baño y encerrarme ahí hasta que el murmullo de voces se aleja y los pasillos hasta mi habitación son seguros. No funciona.
―Ese truco ya está muy visto, Ish ―mamá me espera apoyada junto a la puerta, con los brazos cruzados y una expresión de falsa molestia en el rostro.
―por favor, recién pasamos por la mitad de las carreras en la cena ―hago un puchero. Para mi sorpresa, Ella sonríe.
―Vamos.
Sin esperar mi respuesta, me toma de un brazo y me obliga a caminar junto a ella. Al comienzo creo que me llevara de vuelta al salón, para que actuara como “la niña bien educada que soy”; pero pasamos por las enormes puertas dobles y continuamos por el pasillo. Pasamos por los estudios de mamá y papá, las habitaciones de invitados... y llegamos a la puerta del fondo.
―¿la biblioteca? ¿En serio? ―me suelto de ella, no presintiendo nada bueno.
―Tienes que estudiar para tu prueba de ingreso ―dice mamá con falsa inocencia, como si no supiera lo poco que me interesa― ya te tomaste un año libre, ahora tienes que entrar a la universidad. Y podrás librarte de estas aburridas reuniones familiares. ―tanto como eso suena tentador, conozco a mi madre lo bastante bien para saber que es una treta. Encerrarme en la biblioteca un par de horas, hacer que piense sobre mi futuro... y tal vez de pronto decida que quiero estudiar ingeniería en producción de alimentos u otra cosa igual de aburrida.
―No fue un año libre ―replico. Mamá se ríe.
―Solo tomaste ese trabajo para fastidiarnos a tu padre y a mí, es hora de comenzar a... 
―Hice lo que todos esperaban ―la interrumpo― me rehusé a ir a la universidad, busqué un trabajo de tres al cuarto del que es casi imposible avanzar... Igualita a papá ¿verdad?
Ella me mira de arriba a abajo con sus ojos negros, estudiándome, analizando que tan enserio van las palabras. Pretendía causar una discusión con esto, pero esos trucos nunca funcionan con mamá. Después de todo, fue ella quien me enseño.
―Hay diez universidades en Evasel ―comienza a decir ella― cerca de quince en Nivas y más de veinte en Edreaa. Zilla tiene algunos de los mejores institutos tecnológicos del universo, con carreras cortas, prácticas y trabajos inmediatos. En Sadil las universidades son mediocres, pero siempre son una opción por si no quieres esforzarte. Y si quieres saber lo que es el calor, siempre están las universidades a la antigua de Xai. Y eso por no mencionar que, si quisieras, podrías conseguir un puesto en la empresa de tu padre. Elige una opción. Solo una, consigue que te acepten y te mandare allí sin importar lo que diga tu padre, el único requisito es que este en este mundo.  
Y sin decir nada más, se marcha.
Sintiéndome un poco abrumada, abro la pesada puerta de la biblioteca y me dejo caer en el primer sillón que encuentro. Mi vestido se levanta y se arruga, pero no podría importarme menos.
Frente a mi hay una mesa con una pila de libros desordenados. Tomo uno cualquiera y lo sacudo. Por todo el polvo que ha acumulado, cualquiera diría que lleva meses sin que lo toquen. No me extrañaría que así fuera.
La biblioteca es una enorme habitación de doble altura, con estanterías hasta el techo, vitrales en las ventanas y un microclima propio en el que siempre parece hacer la temperatura ideal. Hay varios sillones, escritorios, un computador (aunque debe tener unos cien años de antigüedad) y por supuesto, libros. Es un sitio bonito y agradable, incluso si no te interesa la lectura, pero desde que la familia de mamá comenzó a dispersarse por el mundo, nadie la usa.
Termino de sacudir el polvo y finalmente consigo leer el título “Leyes Universales: Manual para alumnos de décimo año” Es mío. No recuerdo haberlo usado ni una sola vez, esa clase era una tortura, pero seguramente alguien decidió limpiar mi habitación y lo trajo aquí. Ojeo los otros libros sobre la mesa, todos están en el mismo estado, nuevos, pero llenos de polvo. Algunos incluso tienen el plástico de la tienda.
Mi último año fue el peor de todos, toda la presión para que estudiara, para que me fuera bien en las pruebas de ingreso, mi familia, mis compañeros... ese año rompí mi propio record de mediocridad. Mis notas bajaron de un seguro cincuenta y cinco a un peligroso veintisiete, estuve a punto de repetir. Talvez eso hubiera sido lo mejor.
De pronto siento calor. 
Me levanto para regular la calefacción un poco. No tengo idea de donde está. Recorro las paredes, tras los estantes y al otro lado de la puerta, pero no encuentro ningún termostato. Pienso que tal vez la biblioteca podría estar incluida en el termostato de otra habitación, pero tampoco veo estufas en las paredes ni ningún sitio del que pueda salir el calor. De todas formas salgo de la biblioteca y me dirijo hacia el estudio de papá, estoy segura de que había un termostato ahí.
Nada más abro la puerta, una ráfaga helada me recibe y cierro inmediatamente. Esto es extraño.
―¿Qué haces princesa? ―me doy la vuelta algo alarmada, pero solo es mi primo Estaen.
―Nada ―me encojo de hombros y vuelvo a la biblioteca.
Estaen me sigue y, nada más entrar, suelta un silbido de admiración.
―A vamos, como si nunca hubiera estado aquí antes.
―No desde hace mucho tiempo, no la recordaba tan... grande.
―Se supone que las cosas se achican cuando creces, no al revés ―señalo.
El se ríe.
―¿Que hacías aquí? ―él se acerca a los libros de la mesa y los mira con curiosidad― ¿estudiando? ―la pregunta suena más bien como una burla, y la verdad es que no puedo culparlo. Estaen tiene seis años más que yo y me conoce mejor que nadie.
―Eso quisiera mamá ―replico― elige una, solo una universidad de todo Midiel, consigue que te acepten y te mandare ahí ―digo imitando su tono de voz de forma más bien penosa.
―Bueno, eso es tener suerte ―comenta Estaen― me hubiera encantado ir a estudiar a Edreaa. ―hace una pausa― No tienes que estudiar ¿sabes? podrías...
―¿Pasar más tiempo con mi padre? No gracias.
―No es tan malo como lo pintas.
―Tu no vives con él.
Estaen se deja caer en un sillón y yo me siento frente a él.
―¿Y la Academia? ―levanto la cabeza y lo miro fijamente, sin estar segura de que entendí bien las palabras. El me devuelve la mirada con inocencia, como si no hubiera dicho nada extraño.― ¿Qué? Te gustaba bastante hace unos años.
―Solo sentía curiosidad porque nadie en la familia sabía nada de eso. Era extraño.
―Son antiguas creencias religiosas ―Estaen se encoje de hombros― "los humanos no deben alterar el mundo que se les dio" y todo ese rollo.
―Ahora lo sé, y sigo creyendo que es una estupidez, pero eso no quiere decir que me interese la magia racional. O que pueda entrar a la Academia.
―No crees poder entrar.
que no poder entrar.
―¿Porque? La prueba de lógica sería un juego de niños para ti, tampoco te iría mal en la de ciencias y lo único que tendrías que hacer seria estudiar un poco de programación para la de magia. Podrías entrar.
―¿Proyectas en mí tus sueños frustrados, Estaen? Porque ya estoy un poco cansada de eso.
―Que va, solo estoy haciendo mis prácticas de psicología. Puede que alguna vez tenga que hacerles orientación vocacional a adolescentes con problemas de autoestima.
―Bueno, seguro que repruebas.
Él se ríe alegremente, luego se despide de mí y se va con la excusa de que su madre debe estar buscándolo para irse. Aunque a mí me suela a otra táctica psicológica, para dejarme sola pensando en mi futuro.

2 comentarios :

  1. No sabía que habías publicado, jo.
    Las dudas a la hora de escoger una carrera me parecen algo lógico. Osea a mi también me pasó, aunque me decidí rápido, y hay veces en las que te entran dudas.
    A veces no tienes que pensártelo tanto sino que tienes que seguir tus instintos, aunque creo que Estaen ha logrado convencer a su prima para que haga lo que en el fondo es lo que quiere. O al menos eso creo.
    ¡Un besín!

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    1. Las dudas al escojer la carrera fui yo proyectandome en Ish xd porque estuve hasta el ultimo momento sin tener claro que estudiar ni donde, no me definia y al final, como dices tu, solo tenia que tirarme con una y ver que pasa.
      El mayor problema de Ish es que no cree mucho en si misma, no se considera capaz de entrar a la Academia porque nadie en su familia lo ha hecho y ella es "peor" que todos en su familia, entonces ni siquiera considera la opcion, pero ya la convenseremos.
      Besos :*

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Gracias por leer!
ahora, me encantaria saber tu opinion, anda, solo te toma un segundo, y me haces increiblemente feliz ;)