Un dia cualquiera (ish inicios 5)

miércoles, 16 de julio de 2014


...a pesar de que en la Academia enseñamos magia racional, consideramos importante conservar ciertas tradiciones de la magia intuitiva, así como el entrenamiento físico y el control de los elementos; es por eso que la academia fue construida en este lugar en específico, en medio de los cuatro elementos: el bosque y las montañas del oeste representa la tierra, los acantilados del este representan el aire, el lago del sur representa el agua y el páramo del norte el fuego. Cada elemento tiene un tipo de energía en particular que puede ser utilizada para la ejecución de los diferentes hechizos ―el timbre que anuncia el final de la hora suena, no sé cómo se las ha ingeniado la profesora para hablar tanto sobre un tema tan simple ― Les voy a enviar una serie de hechizos básicos, quiero que los clasifiquen según el tipo de energía que sería más eficiente usar para cada uno. Tienen hasta nuestra próxima clase.
Odio cuando los profesores se pasan toda la clase hablando sin parar de cosas sin mayor importancia y luego nos dejan tarea ¿No podía pasarnos los hechizos para que los clasificáramos mientras ella hablaba? Estoy comenzando a pensar que la sobrecarga de tarea es parte de la estrategia de la Academia para deshacerse de los alumnos extra.
 Hoy es mi tercer dia de clases, sin contar la semana de pruebas de aptitud, pero ya siento que voy a colapsar.
Guardo mi ordenador en mi bolso y me dispongo a salir de inmediato; tengo quince minutos para encontrar mi siguiente aula y este lugar es un verdadero laberinto, en especial cuando está lleno de alumnos.
Tengo que preguntarle a al menos diez personas diferentes (y estoy segura de que algunos me dan instrucciones equivocadas a propósito), pero finalmente consigo llegar pocos segundos antes de que inicie la clase. Casi todas las aulas de primer año están dispuestas en forma de anfiteatro, con largos bancos y mesas dispuestos a diferentes alturas para albergar a la mayor cantidad de alumnos posible; además, me he dado cuenta de que hay algún tipo de hechizo atrapado entre las paredes de las aulas; no puedo descifrarlo completamente, pero tengo la impresión de que se trata algo relacionado con el sonido, una forma de impedir que se disipe con la distancia o algo así.
 Escojo un puesto cerca de la puerta y me siento. Solo entonces veo a la profesora: está sentada tras su escritorio, es bastante corpulenta y lleva lentes, lo que le da un aspecto un tanto extraño, pero lo que más llama la atención es su piel, es completamente negra... mi profesora de física es de Xai, ¿Quién lo hubiera dicho?
―Buenos días. ―la profesora comienza a hablar en el momento en que suena el timbre― mi nombre es Dannae Xai Shylton ―Me sorprende la forma en que dice su nombre, era una antigua costumbre de Midiel decir la nacionalidad después del nombre al presentarse, y con el tiempo los nombres fueron registrados oficialmente de esa forma... en Evasel aún nos presentamos usando nuestros nombres completos, nacionalidad incluida, pero todas las presentaciones que he escuchado aquí en Edreaa -que no han sido pocas- se han limitado a decir nombre y apellido ― y seré su profesora de física durante este año.
La clase comienza inmediatamente después de eso.
Dannae comienza a repasar los contenidos que ya deberíamos saber por nuestra educación básica, física nunca ha sido una materia especialmente difícil para mí, pero me cuesta un poco seguir el rimo acelerado de mi nueva profesora, y me doy cuenta de que estos últimos dos años sin clases me han hecho olvidar la mayoría de las formulas.
Estoy tan concentrada intentando entender y tomar apuntes a la vez, que tardo un momento en darme cuenta de que toda la sala se sumió en un silencio extraño de pronto, y que todos parecen estar mirando hacia un mismo punto.
Levanto la cabeza y veo a un chico parado junto a la puerta: tiene la piel naranja y el cabello rojo, de unos diecinueve o veinte años; o entro un año después de lo normal, o está atrasado. Por la mirada que le está dirigiendo la profesora, yo apostaría por la segunda.
―Siéntate, Syleo. ―dice ella confirmando mis sospechas.
El le sonríe con condescendencia y sube las graderías para sentarse en uno de los asientos del fondo.
La clase continua, pero me cuesta volver a concentrarme y me veo constantemente distraída por los murmullos de los alumnos que se ven magnificados por el hechizo que inunda el aula.
Finalmente el timbre suena.
De alguna forma, Syleo se las arregla para llegar tarde a todas las siguientes clases también, pero los demás profesores no tienen el mismo comportamiento hostil que Dannae, no, ellos son todo sonrisas y amabilidad, solo falta que se arrodillen y besen el suelo a sus pies.
***

El día termina y yo subo directamente a mi habitación. Y al igual que ayer y anteayer Sira me está esperando ahí.
―¡Hola! ―me saluda nada más verme, está utilizando un tono de voz incluso más agudo y alegre de lo normal y se balancea hacia delante y atrás en las puntas de sus pies.
―Hola ―contesto suspirando.
Después del incidente de hace unos días Ékiro me dio toda una clase magistral sobre las personalidades de Sira, sobre cuales eran, como tratarlas, cuando ignorarla y cuando mimarla; y un montón de consejos sobre cómo prevenir sus ataques de pánico. No quiso decirme como es que la conoce tan bien, pero yo ya tengo un par de teorías. De todas formas, no es de mi incumbencia, bastante tengo con tenerla pegada a mi como para a demás meterme en sus dramas familiares.
―¿Tienes tarea? ―Sira se sienta en la silla frente al escritorio y comienza a dar vueltas.
―Sip ―contesto mientras acerco la otra silla.
―Te la hago si luego me acompañas a jugar ― dice ella sin dejar de girar.
―¿Y la tuya? Ni siquiera viniste a clases ―solo estoy desviando el tema en un pobre intento de hacerla olvidar que quiere “jugar” algo que seguramente implicara una simulación y músculos adoloridos para mi.
―Iré cuando empiecen a hacer cosas interesantes.
Enciendo mi ordenador y abro la carpeta con los hechizos que tengo que clasificar. Son cerca de cincuenta.
Abro el primero. Está escrito en la versión simplificada del lenguaje mágico estándar, el que se usa para enseñar a los niños de básica como crear un hechizo. No es que a mí me lo hayan enseñado, no tenemos clases de magia racional en Evasel, pero he estado aprendiendo por mi cuenta estos años.
Las primeras líneas son fáciles de interpretar, dicen algo así como:
“Comprobar cantidad de energía disponible en el medio.
Acumular energía.
Transformar a energía cinética.
Expulsar.”
Y luego hay una serie de cálculos que tienen el único objetivo de hacer más fácil la ejecución del hechizo, técnicamente, podría hacerse sin los cálculos extra, pero entonces probablemente terminarías con dolor de cabeza por intentar que tu mente recuerde tantos datos.
De todas formas, yo no necesito ejecutar el hechizo, asique me conformo con las primer líneas. Puedo ver que es un hechizo para crear movimiento, de modo que lo clasifico inmediatamente en la carpeta de nombre “aire”.
Los siguientes son bastante parecidos solo que para diferentes elementos, es después de la mitad que las cosas comienza a ponerse complicadas y tengo que pedirle ayuda a Sira; y aun con su ayuda tardo más de una hora en terminar con toda la lista.
―¿Ahora vamos a jugar? ―Sira se levanta de un salto y comienza a dar vueltas por mi habitación, esa chica realmente quiere terminar mareada.
Guardo mi tarea, la envió de vuelta a la profesora y me levanto.
―¿Tengo opción? ―pregunto mientas tomo mi bolso y camino hacia la puerta.

***

Sira me arrastra hasta su casa, queda a solo unos pocos kilómetros de la Academia, pero está muy ansiosa asique de todas formas pide un auto para que nos lleven, cosa que agradezco. La verdad es que no he subido a un auto desde hace años, desde que comenzó la crisis energética y mis padres decidieron vender el suyo porque “la energía debe ser usada para cosas más importantes” .
La casa Imera es bastante menos ostentosa de lo que creí: es amplia y tiene tres pisos, pero también es muy moderna, con formas principalmente circulares y ventanales que cubren  la mayoría de las paredes.
Sira me lleva directamente al tercer piso, que parece una exposición de tecnología de última generación.
―¡Hola mamá! ―Sira me suelta el brazo por primera vez desde que salimos de mi habitación y corre a abrazar a su madre. Yo me quedo de piedra.
La mujer que esta frente a mí, con su cabello morado y su piel clara, es probablemente la mas conocida de todo Midiel.
Meera Edreaa Imera. En carne y hueso.
―Ella es Ish ―Sira corre de vuelta hacia mí y me arrastra para acercarme a su madre ¿de dónde saca tanta fuerza?
―Un gusto... ―Imera me sonríe con amabilidad y parece que va a regresar a hacer lo que sea que estuviera haciendo, pero en seguida vuelve a mirarme, esta vez con más atención. ―Ish... Adranir, ¿Verdad? ¿o era Aylmer?
―Aylmer ―contesto sin tener idea de porque ella sabe los apellidos de mis padres.
―Vaya... me sorprende que tu padre te haya dejado tomar el apellido de tu madre, con lo testarudo que es...
―El apellido de mi madre siempre se ha transmitido por línea femenina ―contesto a cada segundo mas confundida ― es una antigua costumbre.
―ya veo, de esas que le gustan tanto a tu padre ¿verdad?
―¿Cómo conoce a mi padre? 
― Tuve que trabajar con él ―ella me sonríe con amabilidad al ver mi expresión de espanto ― armo todo un escándalo porque el consejo le pidió que utilizara aceleradores de cultivos, y yo tuve que viajar a Evasel para convencerlo de que mis inventos no dañan de ninguna forma a su preciada naturaleza. ―el Consejo por el Bien Universal técnicamente tiene como deber garantizar la estabilidad entre los diferentes mundos, regular las migraciones y cosas por el estilo; pero como Midiel es un mundo pequeño que además tiene diferentes tipos de gobierno para cada país, muchas veces también se toma la libertad de funcionar como nexo entre los países; lo cual es una forma bonita de decir que les dice a todos lo que tienen que hacer.
―Pero, ¿Cómo sabe quién soy yo?
―Bueno, tu padre habla mucho de su “pequeña hija ilusa que quiere estudiar magia” ―no puedo evitar sonrojarme. En ese momento, mi odio hacia mi padre crece un poquito más.
―¡Vamos! ―Sira, aburrida y completamente ajena a la conversación, me tira hasta otra sala. ― Mamá, vamos a usar la simulación ―avisa mientras cierra la puerta tras de sí.
Nos pasamos el resto de la tarde jugando en mundos virtuales seleccionados por Sira.

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