Un simple juego...

jueves, 17 de abril de 2014

Una historia que nacio de cuando estaba pensando en poderes extraños, lo mas extraños posibles. llegue a inventar unos 3 con todo detalle mas los personajes que los tienen... aunque la historia nunca llego a mas que esto xd 



(un dibujito de Jess >.< no es ninguna maravilla, peeero...)



-          ¿Qué tal la nueva chica?
-          Tiene aptitudes.
-          ¿sigue haciendo preguntas?
-          Ya no
-          Excelente, este año ya es mi turno de ganar.
-          Tal vez si cambiara a su guerrera
-          Tus diferencias personales con mi pequeña Atena no son de mi incumbencia, Daniel.
-          Siempre acaba matando a quien no debe, rompe las reglas
-          Y es la mejor guerrera del planeta, al menos la mejor con la edad requerida para entrar en juego, tu tenías el mismo temperamento cuando llegaste. Además, sabes que no puedo cambiar personajes así como así, los rituales caducan cuando los usuarios cumplen 20 ni antes ni después.
-          Lo sé.
-          Es una lástima que nuestra hermosa princesa se hiciera mayor, era tan buena el príncipe por otro lado ¿seguro que no quieres jugar este año?
-          No, tenemos un trato.
-          No me lo recuerdes. Bien, puedes irte. Diviértete con tu princesita.

Primera parte: Entrenamiento
<<… El periodo de entrenamiento dura seis meses
para piezas nuevas, tres meses para las que han jugado
 entre dos y cuatro veces y solo un mes para aquellas
 veteranas que ya han jugado más de cuatro partidas.
durante el entrenamiento las piezas
aprenderán a dominar su arte asignada,
así como las reglas del juego y las bases de su poder.
Queda terminantemente prohibido enseñar
a una pieza una habilidad que no es propia de su clase.>>

  Reglamento para Piezas & Maestros;
Capítulo 1: entrenamiento;
Fragmento.

Capítulo 1: Caída libre
Ayer me deje mi libreta en el colegio; un horrible final para el único día de clases productivo que he tenido en meses, ¿Quién hubiera dicho que la química me serviría para aprender alquimia? Supongo que tiene sentido teniendo en cuenta que la química viene de la alquimia; pero aun así me sorprendió bastante.
La libreta es bastante nueva en realidad, no debe tener más de una semana y no tengo anotadas más que unas cuantas formulas y transformaciones básicas, pero aun así es peligroso. Si cualquiera que haya jugado alguna vez la encuentra podría estar en serios problemas, las reglas son muy precisas al respecto. Aunque estoy prácticamente segura de que nadie en mi colegio sabe de la existencia de Xæiuå; pero aunque así sea si alguien inteligente y de mente abierta lo lee y entiende estaré en problemas más graves aun. Intento convencerme de que las posibilidades de que eso pase son ínfimas.

Llego a mi sala con los nervios a flor de piel, estoy al borde del pánico. No puedo ser descalificada, no en mi primera vez al menos. Hay cuatro chicos riendo a carcajadas al fondo del salón, camino hacia ellos y enseguida veo que uno de ellos sostiene mi libreta; camino hacia él y se la arranco de las manos lanzándoles a todos miradas fulminantes, ellos dejan de reírse pero casi puedo oír sus pensamientos <<vaya, pero si esta incluso más chiflada de lo que creíamos>>, sé que a partir de ahora me molestaran incluso más que antes, pero en el fondo estoy aliviada; esos cuatro son demasiado inocentes para entender nada.

El día es completamente inútil, antes no me desagradaba tanto venir a clases pero ahora resulta ridículamente aburrido, el entrenamiento ha aumentado mucho mi IQ y aparentemente aprendo mucho más rápido que mis compañeros. Me paso las clases (y también los recreos) escribiendo formulas al margen de mis apuntes, para luego tacharlas. En historia me dedico a imaginar que pieza hubiera representado que personaje, es una buena forma de matar el tiempo, pero por desgracia no hay suficientes personajes femeninos.

Finalmente el día acaba.

Hoy olvide traer calzas para cambiarme por lo que tendré que correr con la falda del colegio (necesito una alarma, una agenda o algo, últimamente soy un desastre); no es que sea especialmente incomodo pero no es muy divertido que un montón de idiotas miren con cara de pervertidos tu falda levantada por el viento mientas corres; y además estamos a mitad de septiembre, no es buena época para andar por la calle con falda.

Como no tengo otra opción elijo calles secundarias y poco transitadas, evitando a toda costa las avenidas principales. Este último mes correr los cinco kilómetros hasta mi casa no ha sido un gran problema, pero ayer el entrenamiento fue más que nada físico y ahora me duelen todos y cada uno los músculos del cuerpo. Aun así no aminoro la velocidad, corro tan rápido como puedo e intento “desconectar” mi mente para olvidarme del dolor.

Llego a mi casa y casi sin disminuir la velocidad salto la reja que da a la calle, como de costumbre el “olvidó” cerrar la puerta principal, que está abierta de par en par. Subo la escalera trotando y solo al llegar a mi pieza descubro lo cansada que estoy, dedico unos segundos a recuperar la respiración antes de bloquear la puerta y cerrar la cortina; hace unos meses tantas precauciones me hubieran parecido ridículas (mi ventana da a mi propio jardín trasero y mi padre y mi hermano siempre tocaban antes de entrar) pero desde que un chico apareció en mi habitación como salido de la nada mientras me cambiaba me he vuelto bastante precavida.

Me desvisto y solo entonces veo la barra de chocolate sobre mi cama, con un lazo rosa atado a su alrededor, antes le habría gritado a mi “maestro” por entrar a mi habitación, pero a estas alturas me importa más bien poco; aunque no puedo evitar preguntarme si todos los maestros serán tan jóvenes y molestos como él o si yo saque la lotería, para bien o para mal. De todas formas, el chocolate esta delicioso, tengo que preguntarle de donde lo saca.

Como el chocolate mientras me coloco la ropa de entrenamiento; es de un color azul oscuro, de un material elástico y resistente, se ajusta a mi cuerpo como una segunda piel. Me calzo las zapatillas antideslizantes (negras) y también me coloco un par de guantes del mismo color; hago un nudo con mi rojizo cabello y lo sostengo sobre mi cabeza, luego me acabo el chocolate y bajo al sótano de mi casa; una pequeña habitación pintada de un deprimente color gris que no figura en los planos “oficiales” de la casa.

Nada más entrar veo que algo cambió; normalmente no hay absolutamente nada aquí (además de polvo), pero ahora un enorme espejo de unos tres metros de alto y al menos uno de ancho yace apoyado en la pared, es de esos espejos antiguos con bordes dorados decorados con diversos motivos; frente al espejo hay una banca simple de madera, y sobre la banca está el; sosteniendo un paquete. Inmediatamente entiendo que está pasando.
-          Ni lo sueñes – digo.
Él pone cara de ofendido y dice:
-          Hola a ti también, princesa.
-          Primero: tengo un nombre, segundo: ¿es que tú me saludas alguna vez? – pongo las manos en mis caderas- y tercero: yo no uso vestidos.
Él sonríe de una forma que no augura nada bueno, se levanta y camina hacia mí, estamos tan cerca que puedo sentir su aliento. Me toma por la barbilla.
-          Solo piensa en lo bonita que te verás en el…
Suelto un gruñido bajo y aparto su mano de un golpe. Ya me probé el vestido que se supone debo usar para la apertura del juego hace unos meses; realmente no me apetece repetir la experiencia. Entonces yo tenía unos cuantos kilos demás; e incluso aunque ya los haya bajado el vestido sigue siendo el mismo, tan ridículamente estrecho y largo… al usarlo me sentí más como un payaso que como una princesa.
-          Vamos Jessica, no seas llorica.
Por alguna razón mi nombre en sus labios hace que me estremezca, puedo contar con los dedos de una mano las veces que me ha llamado así, por lo general se limita a referirse a mi como “princesa”; yo por otro lado ni siquiera conozco su nombre. Él parece notar mi reacción porque sonríe y me toma por la barbilla de nuevo, su sonrisa es realmente escalofriante.
-          Pruébatelo – se acerca aún más hasta que nuestras frentes chocan.
-          ¡Deja de hacer eso! –yo me aparto empujándolo lejos, detesto cuando usa sus jueguitos de energía conmigo.
Él sonríe de una forma que a cualquier otra persona podría haberle resultado encantadora, para mi sigue siendo escalofriante.
-          Pruébatelo. No van a cambiar el vestido solo porque a ti no te guste.
Le lanzo una mirada fulminante, aunque en el fondo sé que tiene razón.



2 comentarios :

  1. ¡Me encanto! Tengo que leer más... Besos :*

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    1. pues me alegro!
      aunque lo de leer mas va a estar difícil, teniendo en cuenta que ni yo misma se de que se trata esta historia xd

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Gracias por leer!
ahora, me encantaria saber tu opinion, anda, solo te toma un segundo, y me haces increiblemente feliz ;)