¡Bienvenida a la academia! (Ishky inicios 2)

domingo, 6 de abril de 2014

Al quinto piso estoy cansada. Al décimo dejo de sentir mis brazos. Al quinceavo dejo de sentir mis piernas. Al veintiunavo estoy al borde del desmayo.
A base de pura fuerza de voluntad consigo arrastrar mi maleta hasta mi habitación - la 219, justo al otro extremo del pasillo- y me arrojo sobre la cama sin preocuparme por que el colchón aun este envuelto en plástico o por ver mi nueva habitación.
Y yo que creía estar en buen estado físico.                                  
Me imagino a mi padre diciendo “te lo dije, no aguantaras ni una semana” y a mi tío y a mi madre asintiendo de acuerdo. Luego me los imagino a los tres subiendo veinte pisos por escaleras: Mi padre camina resuelto y repite en voz baja “una vez fui el mejor recolector, esto no es nada para mí. Esto no es nada para mí.” Mientras suda por cada poro de su cuerpo,  mamá va con uno de esos desagradables vestidos elegantes y se hecha aire con un abanico antiguo mientras usa su otra mano para impulsarse hacia arriba con ayuda de la barandilla, mi tío –que debe pesar unos doscientos kilos- tiene su cara blanca completamente roja, y antes de llegar al segundo piso se resbala y comienza a rodar escaleras abajo.
Comienzo a reír como una maniática.
***
Despierto sin recordar haberme dormido. Lo primero que noto es que no estoy en mi cama. Lo segundo es que tengo hambre. Mucha.
Me incorporo en la cama y miro mi nueva habitación: es incluso más grande que la que tenía en casa y el hecho de que los únicos muebles sean un escritorio, dos sillas, un armario incrustado a la pared y la cama donde estoy sentada contribuye a reforzar esa sensación; justo por sobre el escritorio, en la pared opuesta a la puerta, hay una enorme ventana que ocupa casi todo el ancho de la pared y a través de la cual se pueden ver las montañas. Montañas.
En el sur, lo más parecido a eso son un par de cerros cubiertos de árboles. Creí que las montañas serian lo mismo pero más altas... gran error.
Me levanto y camino hacia la ventana, el estómago me ruge pero hay demasiado que ver como para hacerle caso –además de que para buscar comida tendría que pasar por esas infernales escaleras de nuevo- me acerco tanto como puedo y contemplo la montaña en la lejanía, los otros edificios de la escuela... subo una pierna al escritorio para poder ver mejor  y cuando estoy subiendo la otra algo duro topa con mi rodilla: Un ordenador. De pronto el paisaje pierde todo mi interés.
Lo sostengo entre mis manos: es blanco y delgado, no más de cinco centímetros de ancho, y aun así pesa bastante. Retiro la tapa que protege la pantalla y me quedo como embobada mirando ese rectángulo negro. Nunca había visto uno así.
En casa el único ordenador que tenemos es grande y aparatoso, hay que conectarle la pantalla de forma paralela y es tan viejo que la mayoría de las veces ni siquiera prende.
Vuelvo a dejarlo en la mesa con cuidado. ¿De quién será? ¿Se le habrá quedado al anterior dueño de esta habitación? ¿Podré usarlo mientras su dueño no lo reclame...? Ni hablar. Ya será bastante difícil sobrevivir aquí, no necesito buscarme más problemas. Con mucho cuidado vuelvo a colocar el protector sobre la pantalla.
Vaya, pero si has llegado viva hasta aquí: creí que te encontraría tirada en las escaleras.
Me volteo bruscamente.
Él está parado en la puerta, tiene la piel azul y le calculo unos diecinueve o veinte años, supongo que debe ser uno de los estudiantes de la academia, aunque la gran pregunta es ¿Qué hace en mi habitación? Y... ¿Por qué me mira así?
Linda ropa avanza un par de pasos el ultimo sureño que tuvimos por aquí llego con una túnica de cuero real llena de bordados extraños... los ahorradores casi se lo comieron vivo sonríe con malicia ni siquiera duro un mes.
No se me ocurre como un evaselino habría podido conseguir una túnica de cuero real, en Evasel tanto la flora como la fauna son considerados algo sagrado.
No contesto. Aunque se me ocurren un montón de preguntas no sé qué decir. El Hombre Azul sonríe aún más; sus dientes se ven increíblemente blancos en contraste con sus labios oscuros.
¿Es eso pelo? –yo me llevo la mano al cuello, lo tengo rodeado por una capa de pelaje blanco-azulado, parecido al de los lobos de nieve; ayuda mucho contra el frio, pero por lo que he visto aquí en el norte la gente solo tiene pelo en la cabeza... y algunos ni siquiera eso – Bueno, eso explica las marcas...
¿Qué? –no tengo idea de que está hablando.
¿Recuerdas al sureño que mencione, el de la túnica de cuero? Tenía unas marcas rosáceas en brazos y cuello; seguramente se depilo para encajar aquí – comienza a reír.
¿Qué es tan gracioso? – me rozo el bello de los brazos nerviosa, por lo que él dice... ¿soy la única sureña aquí? ¿Desentonare mucho? ¿Hay alguien más con mi mismo color de piel siquiera?
Que estamos en La Academia de Magia de Midiel –adopta un tono de anuncio publicitario- la mejor escuela de magia de todos los mundos conocidos, aquí se enseña todo tipo de magia racional así como hechicería avanzada y distintas disciplinas físicas ¡no podemos permitir que nuestros alumnos dependan únicamente de la magia! aceptamos alumnos tanto de las más nobles como de las más humildes procedencias, ¡Y no solo en Midiel! Cualquier persona con una formación básica y que haya nacido en un mundo abierto puede inscribirse ¡la magia no es un privilegio de unos pocos! Aunque por supuesto, no será fácil... –hasta aquí el discurso me había sonado familiar, es lo que pone en todos los folletos y proyecciones sobre la Academia, la voz del Hombre Azul incluso se parece un poco a la que ponen en las proyecciones... pero esa última frase no la había escuchado nunca; no es algo muy inteligente que decir en una publicidad la verdad luego viene todo el rollo de la perseverancia y la paciencia y de cómo todo es posible si creemos en ello – pone los ojos en blanco, tiene unos ojos extraños: de un tono verde que casi parece brillar no te adelanto más, ya lo escucharas por ti misma. El punto es que aquí la mejor forma de mezclarse es desentonar: lo raro es encontrar a dos personas con colores parecidos.
Entonces... ¿no hay más sureños por aquí? de alguna extraña forma la idea me agrada. No seria agradable encontrarme con algún primo perdido por aquí.
Bienvenida al club.
¿Qué...?
De los únicos-en-su-especie –sonríe de nuevo, esta vez con una pisca menos de maliciasoy de Xai, ya sabes, la isla de los retardados.
Cuando en básica nos enseñan los diferentes países, describen a Xai –una pequeña isla al noreste del mapa- como un “pueblo de pescadores” ni siquiera ciudad. Aparentemente, allí desconocen la tecnología más moderna, y aun utilizan métodos tan anticuados como las cerraduras físicas o la pesca mediante redes...aunque claro: por lo que se, también podrían decir que en el sur solo viven un montón de monos parlantes de pelaje blanco que recolectan fruta y se la venden a los humanos.
Por cierto: me llamo Ékiro.
Yo Ishky –contesto algo desconcertada por el cambio de tema.
Bueno, Ishky –pronuncia el nombre de forma extraña, como si estuviera en algún idioma desconocido – como todo buen alumno de segundo año, tengo que hacerme cargo de un alumno nuevo y mostrarle las instalaciones, la ciudad etcétera, etcétera... seguramente mi organizador favorito decidió que sería divertido emparejar al retrasado con la sureña – preguntaría. Pero no sé si quiero oír la respuesta – de modo que seré tu guía durante la siguiente semana hasta que comiencen las clases.
¿Y hay un restaurante en el plan turístico? – pregunto al oír como mi estómago ruge de nuevo.
Acompáñeme por favor – sonríe y hace un ademan con la mano mostrándome el camino hacia la puerta.
Me voy preparando psicológicamente para la eterna bajada cuando Ékiro se detiene frente al elevador que hay junto a las escaleras.
¿Eso no es para...? –según la desagradable recepcionista que me registro y me indico el camino hacia mi habitación, el elevador es solo para “gente importante”
Los que pueden pagarlo –termina él sacando una tarjeta de su bolsillo – o para los que tienen la energía necesaria para hacerlo funcionar... ya sabes, el plan de ahorros y todo eso –se encoje de hombros y pasa la tarjeta por un lector junto a la puerta, esta se abre de forma casi instantánea.
***
Comemos en una cafetería que esta junto al edificio residencial: es pequeña, acogedora, y sirven todo tipo de comida. Somos los únicos en el local y los empleados parecen felices de atendernos.
No te acostumbres mucho – no me molesto en levantar la cabeza cuando habla, estoy devorando una cosa cremosa con sabor a naranja que ellos llaman “helado”, nunca lo había probado antes, pero parece perfecto para el clima de aquí arriba. Y es delicioso. – me pareció de mal gusto llevarte a la cafetería “normal” en tu primer día, pero será la ultima vez... y la otra no es ni la mitad de buena que esta.
¿Normal? –pregunto con la boca llena de helado.
Para que vayas acostumbrándote: aquí hay dos tipos de alumnos, los normales usan las escaleras, los especiales el elevador, los normales tienen habitaciones pequeñas, las de los especiales son inmensas, los normales comen en la cafetería que esta junto a las aulas y los especiales comen aquí, los normales estudian como locos para aprobar, a los especiales no les importa en absoluto: saben que son demasiado importantes para que los echen o los hagan repetir.
Pero mi habitación es enorme... –meto la última cucharada de helado en mi boca y siento un dolor extraño en la cabeza. Me pregunto si sería demasiado pedirle otro, ¿Tiene que pagar por esto?
―Se supone que tienes que comerlo de a cucharadas pequeñas ―se ríe el ― o te dará dolor de cabeza.
―Gracias por el aviso ―digo sarcástica.
El vuelve a reírse y toma una pequeñísima cucharada de su helado, que luego se lleva a la boca muy lentamente, presumiéndola.
Pongo los ojos en blanco.
―Seguramente te la dieron porque al organizador que te registró le hizo gracia la idea de que tuvieras que subir y bajar a pie todos los días. ―se encoje de hombros ― además, este año subieron el nivel de la prueba de admisión, asique hay menos nuevos, sino tendrías que compartir habitación.
No sabía que habían subido el nivel ―comento.
 ―Había más alumnos en primer año que en segundo y tercero juntos, no podían manejarlo. De modo que subieron el nivel y les dieron prioridad a los Midielianos.
―Creía que la directora era partidaria de dar igual oportunidad a todos los mundos, la magia no es un privilegio de unos pocos y todo ese rollo.
―Seguro. La magia no es un privilegio, y la discriminación por ciudades no existe.
En eso tengo que darle la razón.
Entonces tú eres “especial” –afirmo cambiando de tema- ¿No te exime eso de dar tours a los nuevos?
No soy especial – hace una mueca de disgusto- mis padres tienen dinero, y son bastante importantes; pero no quieren que me traten diferente: si he llegado hasta segundo ha sido por mérito propio, y los únicos privilegios que tengo son los que puedo comprar con el dinero que me mandan.
Pienso preguntarle quienes son sus padres, pero él se levanta y no puedo hacer más que seguirlo.
***
Ékiro me da un recorrido completo por la academia: me muestra las aulas –que van disminuyendo de tamaño a medida que aumentan de grado-, la cafetería normal -que es mucho más grande y menos acogedora que la otra-, un bosquecillo de árboles increíblemente verdes -nada que ver con los bosques congelados del sur- y la oficina principal de registros, donde me presenta a su organizador favorito, un hombre realmente feo, calvo y de piel anaranjada que aparentemente es el responsable de distribuir las habitaciones y de asignar alumnos nuevos a los de segundo.
Luego volvemos a mi habitación, solo que esta vez no tengo que subir por las escaleras.
¿Venden ropa por aquí? – pregunto recordando que toda mi ropa es demasiado abrigada para este lugar. Quizá si le explico la situación a mi padre y le digo que si no consigo ropa nueva tendré que cortar la que tengo consiga que me mande algo de dinero.
¿No te alcanza con esa maleta gigante que tienes? ―llegamos a mi habitación, se me olvido cerrar la puerta... en casa no tenemos cerraduras, tendré que dejar esa costumbre.
Es ropa de invierno...
¿Trajiste una valija llena de ropa de invierno? ¿A Edreaa?
Nuestra definición de verano es algo diferente. ―hago una mueca
Ya – se ríe ¿y eso que tienes puesto ahora?
Err... antes eran más largos, los corte en el viaje cuando ya no pude soportar más el calor.
Vuelve a soltar una carcajada. Tiene una risa ruidosa e increíblemente sincera, como si simplemente estuviera demasiado feliz como para no reír.
Veo el ordenador en mi escritorio e inmediatamente me olvido de la ropa.
Alguien se dejó su ordenador Estoy seriamente tentada de robarlo, mis padres nunca me dejarían comprar algo así.
Es tuyo – alza sus negras cejas – es una especie de “regalo de bienvenida”
¿Qué? ¿Mío? ¿Regalo? No puede ser verdad ¿Cierto? Esos ordenadores son increíblemente caros, no puede ser que simplemente los regalen...
―Ya escuchaste lo que dije.
―Pero, ¿Cómo...?
―¿Cómo qué? ―de acuerdo, yo también puedo jugar a ese juego.
― ¿Cómo es que la Academia regala ordenadores nuevos a cada uno de los cientos de alumnos nuevos cada año? ―hago la pregunta  lo más específica que puedo.
―Técnicamente, no los regala: tienes que devolverlo si repruebas o te rindes, asique solo necesita unos pocos nuevos cada año ―se acerca a la cama y comienza a desgarrar el plástico que protege el colchón, sin ninguna razón aparente. ―Ademas, la Academia no los compra, Imera se los regala.
―¿Y porque haría eso? ―Imera es la empresa tecnológica más importante de Midiel, venden de todo: ordenadores, móviles, pantallas, aceleradores de cultivos, cerraduras electrónicas, software varios... yo incluso tengo unos lentes de visión nocturna desarrollados por Imera. De todas las empresas existentes, esa no necesita hacerse publicidad con regalos.
―Porque tiene un trato con la Academia: les da unos cuantos ordenadores nuevos cada año y repone los viejos y a cambio la Academia tiene como prioridad todos sus pedidos ―estudiar en la Academia de Midiel es gratis, pero a partir del tercer año, los alumnos deben hacer pequeños trabajos por encargo; desde enseñar magia básica en escuelas a lo largo de todo el mundo hasta ir a otros mundos para recolectar energía.  ―además, el hijo de la dueña estudia aquí.
Creía que Imera solo tenía una hija. – Es lo único que acierto a decir, porque en realidad solo estoy pensando en mi nuevo ordenador super-moderno, lo tomo entre mis manos y comienzo a acariciarlo como una demente sin poder evitarlo.
Lo que pasa es que su hijo no resalta tanto: él no es un genio con problemas de personalidad múltiple – levanto la vista con curiosidad, es bien sabido que la hija de Mira Imera es una niña genio, pero nunca había escuchado lo de la personalidad múltiple.
Ékiro sonríe de nuevo, pero esta vez me parece detectar cierta amargura en su sonrisa.
No es que me importe.
Encuentro el botón de encendido y lo presiono, en el centro de la pantalla aparece una luz blanca que luego se transforma en el logo de Imera.
Y se supone que los de Xai somos los retardados... dame eso, seguro que vas a acabar rompiéndolo.
Sin darme tiempo a protestar arranca el ordenador de mis manos y se sienta frente al escritorio. Abro la boca sorprendida e indignada ante el comentario, me siento como una niña a la que han quitado un juguete que le acaban de regalar.
Claro que no lo voy a romper – refunfuño mientras arrastro una silla desde una esquina hasta situarla al lado de Ékiro – y no soy una retardada. Arrastro el ordenador hacia mí.
¡Ni siquiera sabes usarlo! – Intenta quitármelo de nuevo, esta vez estoy preparada y me giro en la silla apoyando mi nuevo “juguete” sobre mis rodillas.
Pues aprenderé.
Soy tu guía, es mi deber enseñarte.
Solo quieres el ordenador.
También tengo uno ¿Sabes?
No le hago caso y contemplo el ordenador: ahora aparece una única frase en letras rojas sobre la pantalla negra “¿Quién eres tú? “ Coloco el dedo índice sobre la pantalla. No pasa nada.
La primera vez tienes que poner la mano completa. Y ponlo sobre la mesa, no se te vaya a caer.
Y tu ¿porque sigues aquí? –lo miro de reojo.
De todas formas le hago caso, dejo el ordenador sobre el escritorio y coloco mi palma derecha en la enorme pantalla negra.
La imagen cambia de nuevo: ahora hay un formulario que pide mi nombre, apellido y otros datos de ese tipo. Selecciono el primer campo y en la parte baja de la pantalla aparecen las 27 letras, diminutas y ordenadas alfabéticamente. Comienzo a buscar la i.
Hay una forma más rápida de hacerlo –comenta Ékiro como si no le importara en absoluto- pero si no quieres mi ayuda...
Pongo los ojos en blanco y comienzo a buscar la s. Luego la h...
Dame eso –parece que se toma el mal uso del ordenador como un insulto personal.
Creía que en Xai no teníais de estas cosas...
Y yo creía que allá en el sur solo había gente educada, anticuada, y aficionada a la ropa elegante – ¿Eso debería hacerme sentir ofendida?
Pasa una mano por la parte de atrás del ordenador y esta se desliza hacia afuera, revelando un delgadísimo teclado, luego apoya el teclado sobre el escritorio y levanta la pantalla hasta que suena un clic.
Como ves, soy todo un retardado. –dice con sorna.
Permíteme concordar –contesto imitando lo mejor que puedo la voz y el tono formal de mi madre.
Tecleo los datos que me piden a una velocidad ridículamente lenta, aunque la distribución de este teclado es igual al de casa, nunca he tenido mucha practica utilizándolo y tengo que buscar las letras una a una. Cuando por fin acabo, aprieto “continuar” y paso a la siguiente pantalla en donde me dan la bienvenida “a mi nuevo e increíble Ordenador de Tecnologías Imera”
No sabía que en Evasel le tuvieran manía a la tecnología ―comenta Ékiro.
La tecnología solo debe ser utilizada como un refuerzo para la naturaleza ―cito a papá textualmente― los ordenadores solo buscan hacer a las personas más flojas y menos inteligentes, no son una ayuda si no un retraso. Cualquier tecnología que tenga como finalidad ahorrar tareas al ser humano, es algo pretencioso, inútil y hecho para flojos ―pongo los ojos en blanco ―al igual que la magia. Ékiro me mira con curiosidad, como si no acabara de entender si dije todo eso en serio o no. La pantalla se pone azul. Y nada más. Extrañada, la golpeo un par de veces con el dedo sin conseguir ningún resultado.
Dame eso –suspira.
Ékiro se pasa el resto de la tarde y parte de la noche enseñándome a usar el ordenador.

5 comentarios :

  1. Hahaha me encantan, tienen nombres muy raros que jamas había escuchado pero eso los hace interesantes, la forma en los personajes no congenian mucho es otro punto que me gusta e incluso me hace pensar que serían tal para cual. Sigue la historia. Besos :*

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    1. Ni yo misma se donde saque los nombres la verdad... se que Ishky es de un juego, pero los demas... no se, solo son mesclas de letras que de alguna forma quedaron bien juntas, la verdad me cuesta mucho encontrar nombres para mis personajes.

      adsfasd si, es divertido cuando los protagonistas se pasan molestandose mutuamente.... y espera a que conoscas a Sira, ella sique es... especial...

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    2. ¡Pues ya la quiero conocer! Hahah ya sube el próximo, anda hahaha Besos :*

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  2. Comento tarde en todas tus entradas, lo se pero es que me estoy leyendo el blog desde sus inicios.
    Bueno, Ékiro me irrita y me cae bien, Ish también quizá lo acabe shippeando, nunca se sabe.
    Ya quiero conocer a los otros personajes.
    Está re copado el mundo que creas, me gustaría ver como sigue la historia...

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    1. Hoy realmente andabas con ganas de leer no?
      bueno, en todo caso se agradece ^-^

      Ékiro es un encanto... Ish es una maldita con problemas serios de egoismo xd pero bueno, tiene sus razones...

      si, si, tengo que continuarla...
      demasiadas historias pendientes :S

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Gracias por leer!
ahora, me encantaria saber tu opinion, anda, solo te toma un segundo, y me haces increiblemente feliz ;)