Mundo de los sueños: Capitulo 1

lunes, 27 de enero de 2014



Todas las recepcionistas tienen exactamente el mismo color marrón oscuro que yo ya comienzo a asociar con “aburrimiento”; claro que también tienen otros colores; pero esos van variando en cada una. Y curiosamente ninguna de ellas desprende “burbujas”. En realidad la mayoría de la gente no las desprende, pero no deja de ser llamativo que justo un grupo de personas con el mismo trabajo, sexo, y edad no genere ni siquiera una mínima burbujita. Quizá tenga que ver con los colores. Quizá a las burbujas no les gusta el marrón. O el aburrimiento.


Poco más puedo sacar en limpio mirando a las secretarias, de modo que me recuesto en el sillón y miro a mi alrededor. No hay nada demasiado interesante. Es una sala de espera como cualquier otra, con un par de sillones gastados, una amplia ventana que ocupa toda una pared y desde la cual se puede ver la calle unos pisos más abajo, una mesita con revistas, dos pasillos que llevan a las diferentes consultas y, por supuesto, el mesón donde las cuatro secretarias se encargan de atender a los pacientes que van llegando. Aunque ahora están especialmente ociosas. Sobre la mesa hay un florero con unas cuantas flores casi marchitas; en realidad no creo que tengan apariencia de estar marchitas –no puedo asegurarme, ya que yo solo veo los colores dentro de las cosas y sus contornos semi transparentes, no su apariencia real- pero muestran el color grisáceo característico de los objetos, y apenas si les queda un leve rastro del verde del que deberían estar llenas por ser plantas. Asique supongo que se marchitaran. Me gustaría poder comprobarlo; pero no puedo simplemente coger una rosa y guardármela en el bolsillo. Quizá haga la prueba más tarde en casa.

-          ¡Isa! ¿En qué estás pensando? –dice mi mamá riéndose, siempre le hace mucha gracia todo.
-          ¿Por qué? ¿Dijiste algo? –últimamente ando muy distraída, más que de costumbre.
-          Que parece que el doctor se está tardando mucho…
-          Aha.

Observo a mi mamá. Tiene la misma mescla de colores de siempre, aunque ahora hay una mayor cantidad de naranja, y los colores se mueven mucho; no como en las secretarias donde estos se mantienen completamente quietos. No tengo idea de qué significa. ¿Nervios? ¿Adrenalina? ¿Preocupación? ¿Mucha energía? ¿Ganas de moverse? Ni idea.

Una burbuja color rosa sale de la cabeza de mamá y flota lentamente hacia mí,  pero no tengo mucho tiempo para observarla porque a medio camino se revienta. Es un proceso extraño; como si alguien la estuviera apretando y en propia defensa la burbuja se achicara y cambiara de color, aunque al final de todas formas se ve rota, estallando en pequeñas partículas de colores cambiantes que se mesclan con el aire contribuyendo a que este cambie su color transparente. Lo cual es bastante molesto. Es una suerte que no haya muchas burbujas.

Cierro los ojos para esperar a que el aire vuelva a la normalidad; ya estoy un poco mareada y no quiero acabar peor. Espero que el oculista tenga una máquina con la que examinarme, o que al menos no use esa tabla con letras de distintos tamaños. Sé que eso no lo podría leer. No ahora. No es que antes tuviera muy buena vista a distancia, de hecho estoy segura de que soy miope desde que nací; pero hasta hace un par de días no me importaba demasiado.

Sucedió un martes, cuando estaba en el auto con papá volviendo del colegio, cerré los ojos por un minuto y al abrirlos comencé a ver todo borroso, mucho más que de costumbre. Me asusté. Por un momento realmente estuve aterrada, creí que me quedaría ciega. Pero pronto me di cuenta de que algo extraño estaba pasando: al mirar hacia fuera a través de la ventana todo se veía nítido… tanto como de costumbre en cualquier caso.

Me plantee la posibilidad de estar soñando, pero enseguida la descarte: los sueños siempre dan cierta sensación de irrealidad que en ese momento yo no sentía.

Cuando llegamos a casa mi vista se aclaró. Demasiado.

Ya no veía los objetos, solo sus colores, el jardín de mi casa se convirtió en una extraña y cambiante mancha verde; mientras que la casa en si no era más que una mescla de distintos tonos de gris.

Ahora que lo pienso es bastante extraño que no tuviera ninguna reacción al ver el cambio, ni una palabra, ni un gesto. Supongo que simplemente me quedé en shock.

El resto del día transcurrió con normalidad, yo no entendía que me estaba pasando, aun no lo entiendo, pero me comporte como si no pasara nada. Aunque me “quedé dormida” temprano para no tener que cenar, no me hacía mucha gracia comer algo color gris.

A la mañana siguiente me desperté sintiéndome oprimida, todo a mí alrededor era gris; luego en el colegio todo estaba lleno de color, demasiado. Cada alumno y profesor tenía sus propios colores únicos mezclándose dentro de sus cuerpos. Era mareante. Tanto que en un recreo llegué a desmayarme.

Aguanté unos días así, comencé a entender cómo funcionaba, y al asegurarme de que todo se veía normal al mirar a través del vidrio decidí que tenía que conseguirme unos lentes. De modo que les dije a mis padres “me parece que estoy viendo un poco borroso”. Ellos se mostraron muy sorprendidos, no tenían idea de mi miopía, pero al final me llevaron al oculista.

Y aquí estoy.

Finalmente llega mi turno, mi mamá se para y juntas seguimos al médico hasta su consulta.
Una hora más tarde salgo de la clínica con unas nuevas gafas azules.


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